Chile es un lugar de ballenas. En sus más de 4 mil kilómetros de costa, nuestro país forma parte fundamental de la ruta de las ballenas en el mundo. No por nada en nuestras costas nace la historia de Moby-Dick o Mocha-Dick en el libro de Francisco Ortega.
Pero, ¿por qué las costas de Chile atraen tanto a las ballenas?
De acuerdo a la académica de la Facultad de Ciencias de la Universidad Católica de la Santísima Concepción, Dra. Sara Rodríguez, la presencia de ballenas en sectores como Caleta Chome y toda la Península de Hualpén está directamente relacionada con las condiciones oceanográficas del lugar.
Ballenas y el fenómeno de la surgencia
“La costa del Biobío -afirma la académica- está influenciada por la corriente de Humboldt, uno de los ecosistemas marinos más productivos del planeta. Aquí ocurren procesos de surgencia costera (aguas profundas, frías y ricas en nutrientes ascienden hacia la superficie) favoreciendo el crecimiento del fitoplancton y aumentando la abundancia de krill y pequeños peces, que son la base alimentaria de muchas ballenas”, explicó.
A esto se suma la geografía particular de la península de Hualpén, que genera zonas donde el alimento tiende a concentrarse.
Según detalló la investigadora, “la cercanía con aguas profundas también facilita que especies oceánicas ingresen a sectores costeros para alimentarse e incluso descansar durante sus desplazamientos migratorios”.
Recordar la presencia histórica de la estación ballenera en Caleta Chome. “La ballenera no atrajo a las ballenas, sino que se instaló ahí porque las ballenas ya utilizaban ese corredor natural. Era un lugar donde su presencia era abundante y predecible”, señaló.

Avistamientos en Chome son frecuentes
En los últimos años, los avistamientos en la región parecieran haberse vuelto más frecuentes. Sin embargo, la Dra. Rodríguez indicó que “esto responde a múltiples factores, entre ellos, la recuperación de algunas poblaciones de ballenas a nivel mundial, proceso identificado por la Comisión Ballenera Internacional, lo que estaría permitiendo que estos animales vuelvan a utilizar antiguos hábitats y rutas migratorias”.
Junto con ello, la académica destacó que estos animales poseen lo que se conoce como “memoria ecológica” o “cultura migratoria”, un aprendizaje transmitido entre generaciones. “Las crías aprenden las rutas oceánicas acompañando a sus madres y a la manada. Esa información se mantiene en el tiempo, por lo que las ballenas vuelven históricamente a lugares donde han encontrado alimento, refugio o condiciones favorables durante siglos”, afirmó.
Un ícono del campus universitario: La desconocida historia tras la famosa ballena UdeC

