El Colegio de Arquitectos de Chile entregó el Premio Nacional de Arquitectura a Alejandro Aravena y Smiljan Radić.
La máxima distinción recayó en dos de los más importantes profesionales del área en el país y el mundo. Ambos, aparte de su reconocimiento nacional, han sido destacados con el premio Pritzker, una especie de Nobel de la arquitectura, en 2016 y 2025 respectivamente. Razones de orgullo tenemos de sobra.
Alejandro Aravena es arquitecto de la Pontificia Universidad de Chile, con estudios de Historia y Teoría en el Instituto Universitario de Arquitectura de Venecia, Italia. Entre el 2000 y 2005 fue académico en la Universidad de Harvard, en los Estados Unidos, además del ejercicio privado de su profesión desde 1994 a la fecha. Entre 2009 y 2015 fue miembro del jurado que entrega el premio Pritzker.
Su obra se enfoca principalmente en el desarrollo de la vivienda, con un particular y aclamado internacionalmente ejemplo: Villa Verde de Constitución. El terremoto y posterior tsunami del 27 de febrero de 2010 arrasó con particular violencia dicha ciudad, con cientos de muertos, miles de damnificados y una obligación a reconfigurarse tan pronto como se pudiera. En esa línea, Aravena ideó “medias-casas”, viviendas sociales realizadas adrede en la mitad del terreno, dejando la otra mitad para que los pobladores construyeran en la medida de lo posible sin dejar de tener un hogar digno.
Obra de Smiljan Radić tiene huella en el Biobío
Smiljan Radić, al igual que Aravena, es arquitecto de la Pontificia Universidad Católica de Chile, con posgrado en el Instituto Universitario de Arquitectura de Venecia, Italia. Desde 1995 ejerce la profesión en su estudio homónimo.
La obra de Radić está más relacionado con lo artístico, pero sin dejar de ser funcional. Entre sus obras reconocidas mundialmente se cuenta la Casa Chica, en Vilches, comuna de San Clemente, región del Maule; El niño escondido en un pez, en Venecia, Italia o en Londres, Inglaterra, donde diseñó el 14° Pabellón Serpentine.
En nuestra región del Biobío ha dejado imborrable huella con un coloso que vemos todos los días: el Teatro Biobío. En su momento se criticó bastante la envergadura del proyecto, su “invasión” de la costanera del río Biobío o que derechamente era feo. Ante tales alegaciones, el arquitecto dijo que “no se dedica a hacer cosas bonitas”. Sumado a ello, el arquitecto argumentó que “este edificio se va a incorporar totalmente a la ciudad en 30 años más”, según BioBioChile.
“Este reconocimiento tiene un significado muy especial. No sólo distingue dos trayectorias de excelencia, sino también un momento histórico para la arquitectura chilena. Las obras de Alejandro Aravena y Smiljan Radić han demostrado que es posible desarrollar una arquitectura profundamente vinculada a nuestro territorio y, al mismo tiempo, capaz de dialogar con el mundo e influir en él. Por eso, el Directorio Nacional estimó que correspondía otorgar este galardón conjunto, como una forma de valorar el enorme aporte que ambos han realizado al prestigio y la proyección internacional de la arquitectura de nuestro país”, dijo el presidente nacional del Colegio de Arquitectos de Chile, Rodolfo Jiménez.

