Las regiones de Atacama y Coquimbo viven una de sus tragedias más importantes en los últimos años. Los sucesivos sistemas frontales, caracterizados por lluvia incesante y por fuertes vientos, no solo han dejado sin agua y sin luz a miles de personas, sino que el fenómeno de la activación de las quebradas ha causado pérdidas en vidas humanas y daños irreparables a la infraestructura pública y privada.
Entendemos la activación de una quebrada como un fenómeno que consiste en un flujo repentino y violento de agua mezclada con lodo, piedras y escombros. Estos materiales bajan de forma precisa por una quebrada que por años se mantuvo seca o inactiva.
El problema es que mientras estuvo seca o inactiva cientos, sino miles, construyeron allí sus casas. No sólo casas: calles, infraestructura y todo lo edificado. Este desarrollo termina siendo arrasado por los aluviones, tal como ocurrió en esta oportunidad a lo largo del norte del país.
Quebrada Cruz de Caña en Coquimbo
La quebrada Cruz de Caña es una comunidad rural al sureste de la comuna de Coquimbo. Su curso de agua es “intermitente” y, debido a su geografía, es un sector de alto riesgo de aluviones e inundaciones durante lluvias intensas.
Pese a ello, desde hace poco más de una década, esta quebrada fue profundamente intervenida. Como era de esperarse, con las últimas precipitaciones ha sido de los sectores más afectados.

Arquitecto UdeC: “No hay que actuar contra la naturaleza”
Este tema no es sólo de la Región de Coquimbo. Existen múltiples ejemplos a lo largo y ancho de Chile que muestran la instalación de viviendas en lugares donde evidentemente hay riesgos de rodados, inundaciones, desbordes de ríos, peligros volcánicos y otros tantos riegos más. La lista es larga.
Mapa 3D con la ubicación de viviendas y quebradas en el sector Cruz de Caña en Coquimbo@reddeemergencia pic.twitter.com/ocWtBlV4BR
— Franz Schreiber (@geokaiser_) July 20, 2026

Por este tipo de emplazamientos consultamos al arquitecto de la Universidad de Concepción, Ricardo Utz, quien expresó que “existe un principio ambiental, que recomienda no actuar en contra de la naturaleza, sino que se debe actuar con ella”.
“Construir en quebradas es, claramente, actuar en contra de la naturaleza. En efecto, las quebradas son los cauces naturales de evacuación de las aguas lluvias e involucran riesgos ante lluvias intensas como las que hemos conocido en los últimos días. Es de sentido común que, durante eventos meteorológicos extremos, el volumen de agua puede sobrepasar rápidamente la capacidad de las quebradas, inundando las zonas bajas y habitadas. Incluso, la corriente constante de agua desgasta la base del terreno comprometiendo la estabilidad, añadiendo el riesgo de deslizamientos y derrumbes”.
Sobre la posibilidad de habitar estos lugares, pero adoptando medidas de precaución el experto expresó que “es verdad que en estas zonas es posible realizar obras de mitigación, como por ejemplo obras de contención, ejecutadas con gaviones o derechamente se puede construir muros de contención que conduzcan el flujo repentino de agua. También es posible estabilizar los taludes mediante la reforestación. Pero, todas las obras de mitigación son onerosas y, en la disputa hombre-naturaleza, el ganador es fácil de predecir”, afirmó el arquitecto.
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