Antes de terminar el 2025 se hizo conocido un exclusivo y particular anuncio de venta: el de una isla en Chiloé, la isla Imelev.
Aunque se desconoce el origen de cómo alguien pudo llegar a ser dueño de una isla completa de vastas 32 hectáreas, lo cierto es que es rica por la historia de quienes vivieron allí.
Las fotografías del territorio no muestran indicios de vida; solo animales y vegetación. Sin embargo, hay una excepción: lo que muchos creen que fue una bodega, realmente fue el hogar de una familia.
Nunca hubo nada más; solo una casa y un bote para viajar de una isla a otra y ninguna señal de otras personas que habitaran allí. Parece ser un lugar desierto, pero hubo un tiempo en que fue el centro de felicidad de una pareja y sus ocho hijos.
Sala de Prensa llegó hasta Quehui y profundizó en esta historia mágica y enraizada en la tradición de nuestro pueblo.
¿Qué se sabe de Imelev, la isla de Chiloé en venta?
La historia de la isla Imelev sigue siendo desconocida. Lo poco que se sabe son tres generaciones de dueños, siendo el más antiguo que se conoce un hombre de la vecina isla Quehui hasta 1932. Luego, fue un ciudadano de Castro, ciudad más cercana y comuna a la que actualmente pertenece, hasta 1975. Por último, quienes adquirieron finalmente este terreno al castreño son la pareja que hoy la tiene en venta.
Estos negocios tan grandes eran comunes antiguamente, sobre todo en lugares remotos como las pequeñas islas de Quehui e Imelev, tierras vecinas y hermanas en los canales de Chiloé. Por lo mismo, que en 1975 el territorio volviera a las manos de los quehuinos no fue sorpresa.
En aquel tiempo, la isla Imelev estaba desierta y llena de maleza, siendo un terreno trabajado desde su compra. Es allí cuando comienzan a entrar inquilinos, personas a las que se les entregaba un lugar donde vivir a cambio de trabajo.
En la década de 1970, llegó la familia Mansilla a aquellas tierras. Y aunque es ciertamente interesante cómo una isla puede tener dueño, es aún más impactante lo que vivieron en soledad allí sus pobladores.
¿Quiénes fueron la familia que hizo de la isla Imelev su hogar?
Rogelio Mansilla y María Ofelia Paillamán fueron un matrimonio duradero que llevó a sus hijos a descubrir una forma de vida que los marcaría por muchos años. Muchos creerían que fue solitario, pero esto está lejos de ser cierto.
José Iván Mansilla Paillamán es hijo de la pareja. Con solo ocho años pisó por primera vez la tierra de Imelev, y a sus 14 años la dejó. Con ocho hermanos, mucho espacio y playa que recorrer, la vida de José nunca fue algo por lo que se arrepentiría.

Los días de José eran buenos; disfrutaba por sobre todo la tranquilidad y el silencio que le daba la isla; el oleaje tranquilo, la lluvia, el verde. Lo bueno y lo malo fueron parte de sus experiencias que sigue recordando con cariño.
Diariamente trabajaba con su familia en el campo, limpiando y organizando, pero también jugaba, pues al ser una familia tan grande había mucho para crear y divertirse. Por ello es que nunca le molestó que sean solo ellos. Para él, eso era suficiente.
Todos los hermanos asistieron a la escuela, aunque, claro, con complejidades. “Cuando había calma, nosotros pasábamos en bote a remo, pero cuando estaba malo, nos quedábamos toda la semana en la isla”, comentó Juan.
Una travesía de todos los días. Aunque solo queda a unos 15 minutos de navegación de la isla Quehui, todos estaban dispuestos a asistir a la escuela, en el sector de Peldehue. Para José, su hogar lo era todo, pero agradecía esos espacios, ya que su amor por el futbol le brindaba poder encontrar nuevos contrincantes que desafiar allende su isla.
No obstante, no todo era bueno. Al preguntar por su experiencia en el colegio y la creación de lazos de amistad, José que “se burlaban. Nosotros éramos de ‘otra isla’”. Y aunque fuera una experiencia constante, no fue problema mayor para él, pues, recordemos, tenía siempre a sus hermanos a su lado. Además, destacó que con su amor al deporte no necesitaba nada más.
La muerte no es el fin, es un proceso de la vida
Cuando pisaron la tierra de la isla Imelev, eran ocho hermanos. Sin embargo, al irse, en el bote volvieron solo seis. La muerte de dos de las personas más queridas de su vida fue impactante. Hoy, los padres de José han fallecido y están sepultados en las lejanías de Coyhaique. Sin embargo, en su temprana edad fue testigo del fallecimiento de dos de sus hermanos.
Una tarde como cualquier otra, junto a su padre Rogelio y su hermano mayor Nivaldo de 14 años, fueron a Quehui para comprar una cocina. A la vuelta del bote, el clima empeoró, la estufa pesaba y el mar los traicionó. Desde una isla vecina algunos familiares fueron a su rescate, pero al momento de llegar, Nivaldo ya había perecido en el océano.
La vida en la ruralidad es complicada. Muchas islas de todo el país, incluido Chiloé, están desconectadas y, por muchos años, incluso actualmente, las emergencias de salud terminan en tragedia. La isla Mocha, para ejemplificar con el Biobío, suele ser motivo de lamentable noticia por su aislamiento.
Pero volvamos a Imelev. Esta isla Imelev era una de estas tierras lejanas, incluso más desolada que otras. Los métodos para salvar vidas y protegerlas eran las plantas medicinales que Lupe, la madre de José, usaba. No obstante, su hermano menor, Herminio, con solo poco tiempo de vida, sucumbió ante una neumonía que no pudo ser tratada y así la familia se redujo.
Aunque estos sucesos podrían haber alterado la percepción de la vida alejada en familia que tenían, lo cierto es que José mantiene el cariño eterno a esas tierras, sin dejar de amar a sus hermanos. “Yo siempre amaba la isla y el calor de mi hermano. Nunca lo olvidé, jamás, porque cuando uno llega al cementerio recuerda a su gente y eso es lo más bonito que uno tiene”.

Luego de varios años, la familia Mansilla Paillamán volvió a la isla Quehui, donde se instalaron en el sector de Peldehue. Hoy, José Iván sigue viviendo allí y desde su hogar, junto a su familia, sigue viendo a la Imelev a la distancia y recordándola.
El resto de los hermanos y sus padres se mudaron a Coyhaique, región de Aysén, donde ambos ya fallecieron. Quehui sigue siendo otro territorio alejado, sometido al humor del clima, por lo que, durante el lecho de muerte de su madre y padre, no pudo llegar a verlos.
“Lo sufrí, pero llegué. Aun así, no los vi. Ni mi papá, ni mi mamá, ni sus sepulturas. Realmente hice el intento de llegar, como pude lo hice por mis dos viejitos”, lamentó.
Incluso con todo lo sucedido, José Iván a sus 56 no tiene remordimientos. Para él, son circunstancias de la vida de su bella isla. Y tal como dice: “nací y moriré aquí”.
¿Un mítico tesoro de Chiloé escondido?
No pueden faltar las famosas leyendas de Chiloé. Aunque la tristeza puede llenar el espacio, la diversión de un misterio fue parte de la vida de esta familia y es necesario destacar. Según cuenta la gente de las islas, los compradores que fueron dueños de esta lo hicieron con un motivo oculto: hay un tesoro.

La historia dice que el Caleuche, legendario buque fantasmal, ronda los rincones de la isla Imelev, custodiando el cofre escondido que dejaron enterrados en las orillas. Muchos lo han intentado buscar. El mismo José lo intentó por mucho tiempo y aún cree en el misterio que envuelve el territorio. Incluso cuenta que durante su estadía pudo ser testigo de cómo muchos llegaban en la madrugada a buscar el tesoro escondido, pero sin éxito.
A días de hoy, la gente de la isla Quehui, sobre todo del sector de Peldehue, que se encuentra en frente de la Imelev, afirma seguir viendo luces que podrían indicar que la leyenda es cierta. ¿Habrá un tesoro realmente allí? ¿Es entonces el Caleuche real y ahora mismo sigue rondando las islas de Chiloé?
Con historias misteriosas, sucesos trágicos, experiencias hermosas y el rastro de una familia feliz, la isla Imelev seguirá existiendo incluso con un cambio de dueño, pues la huella de aquellos que vivieron allí se mantendrá en la historia.

