Tomé fue por décadas uno de los centros de manufactura textil más importantes del país.
La industria modeló hasta nuestros días la identidad tomecina. Aunque en algún momento de la historia hasta el 46% de la población trabajaba en la fabricación de telas, eso fue bajando gradualmente con el paso del tiempo.
A inicios de 2026, la actividad textil en Tomé es pequeña, pero no insignificante ni poco valorada. Bellavista Oveja, a la entrada de la comuna, es el emblema de una industria que se liga inexorablemente a los inicios de la ciudad. El centenario y patrimonial edificio alberga aún hoy el negocio de la tela, en forma de importaciones y producto nacional de alta calidad.
Pero para hablar de lo que quisimos cubrir en Sala de Prensa nos hace viajar un poquito más. En la calle Mariano Egaña a la altura del 820, en pleno centro de Tomé, está Crossville Fabric Chile, de las últimas fábricas textiles y, hasta donde sabemos, la única que trabaja el lino todavía en nuestra región.
Esta planta nació en 2004 con capitales estadounidenses, pero es heredera de la tradición tomecina de la producción textil que comenzó hace más de 160 años. Según un reportaje de Diario Concepción, utilizan lana, tela y lino de altísima calidad para prendas de lo más finas. En cuanto al capital humano, dan pega a cerca de 350 personas, la inmensa mayoría vecinos de la comuna.
El complejo escenario del legado textil en Tomé
Pese al desempeño de la fábrica, no todo depende de ellos. Los vaivenes de la economía global, provocados por la incertidumbre de líderes ineptos y desequilibrados, afectan de forma especial a negocios de exportación. Se encarecen costos, bajan los clientes, se dificulta la venta, entre otros factores.
El año pasado, según indicaron en el mismo reportaje de Diario Concepción, fue malo. Las proyecciones son mejores, pero no las más auspiciosas. En ese contexto, Sala de Prensa contactó a la Municipalidad de Tomé para dimensionar lo que ve la autoridad ante el decrecimiento textil que, precisamente, fue lo que moldeó a la ciudad hasta el día de hoy.
Priscilla Villouta, encargada de Fomento Productivo municipal, nos comentó que existe la preocupación de que esto pueda desaparecer definitivamente. “Nos preocupa mucho, porque la fábrica no solo genera empleo directo, también mueve el comercio local y la economía de muchas familias de Tomé. Cuando una fuente laboral así se ve en riesgo, impacta a toda la comuna”, sostuvo.
“Sabíamos que la situación venía siendo compleja hace un tiempo. Por eso hoy es clave cuidar el empleo y apoyar a los trabajadores, porque detrás de esta actividad también dependen muchos pequeños comercios y servicios de la comuna”, añadió.
“Desde el municipio realizaremos los vínculos correspondientes para acompañar a los trabajadores y sus familias, ya que son ellos nuestra prioridad”, concluyó la funcionaria. Recuerde: una inmensa mayoría de los obreros son de Tomé, por lo que un posible cierre o decaimiento es un impacto a las familias, pero también al simbolismo y el legado de una industria que hizo crecer y formó una ciudad.
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