En la tercera y última entrega de notas sobre islas costeras del Biobío, viajaremos a la misteriosa isla Mocha, frente a la provincia de Arauco.
Hablar de esta isla es hablar del realismo mágico, el género real maravilloso y la cosmogonía mapuche. Su nombre trascendió a la geografía, y se añadió a la ballena Mocha Dick, inspiradora del relato mundialmente conocido de Moby Dick. Pero primero hablemos de la tierra.
Con 48 kilómetros cuadrados, dista 36 kilómetros desde las costas de Tirúa, aunque depende administrativamente de Lebu. En un día soleado, se puede ver a simple vista desde las costas lafquenche.
La isla ha estado habitada desde tiempos prehispánicos. Según la web “Isla Mocha un viaje hacia el pasado“, los primeros navegantes europeos “datan de 1544, con la visita de Juan Bautista Pastene, seguida por piratas ingleses y holandeses, destacándose entre ellos Francis Drake”. De este corsario inglés se dice que obtuvo una característica cicatriz tras pelearse con nativos en 1578.
Tras ayudar a los piratas bárbaros y negarse al dominio español, los lafquenche que habitaron milenariamente la isla Mocha terminaron expulsados en 1685. Los pobladores trasladados terminaron en el Valle de la Mocha, donde hoy se ubica Concepción. Pero eso es otra historia.

A mediados del siglo XIX, agricultores retornaron a la Mocha tras casi doscientos años inhabitada. Esto, en parte, permite explicar el bosque nativo virgen que aún persiste en la isla. Actualmente, sus habitantes subsisten y reciben, aunque disminuido por el aislamiento, turismo.
Sí, porque llegar a la isla suele ser complejo, aún en 2026. El servicio aéreo subvencionado por el Estado funciona preferentemente a vecinos, pero no se registran vuelos privados con igual frecuencia. Sobre el abastecimiento marítimo, es prácticamente nulo, con una o dos frecuencias de barcaza al mes.

Pero esta lejanía y complejidad permite, para bien o para mal, albergar secretos naturales poco conocidos en carne propia.
Uno de sus mayores atractivos es el denominado mar de fuego. Bajo ciertas condiciones de marea baja y viento leve, es posible dejar el agua con llamas, creadas por pozones de gas natural que brotan en la costa mochana.

Dicha costa es accidentada, provocando centenares de naufragios y alimentando mitos de tesoros. Claro, si hay gas natural, ¿Por qué no habría otro tesoro?
Uno de estos valiosos tesoros es el que relató el escritor Herman Melville, de los Estados Unidos. Su pluma ideó, como dijimos antes, la historia de la ballena Moby Dick, que se basa en el relato de un marinero gringo y su experiencia con Mocha Dick, cachalote blanco gigante que merodeaba esta bella isla de nuestro Biobío.

